Poliamor: ¿qué es y qué tipos de relaciones poliamorosas hay?

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¿Qué es el poliamor y qué nos enseña sobre las relaciones de pareja?. Hasta hace pocos años las relaciones de pareja han estado dominadas por una concepción muy específica sobre lo que es el amor: el amor romántico.

Esta idea de afectividad transforma el amor en algo que es compartido en exclusiva por dos personas, las cuales tienen un trato íntimo entre sí que no utilizan con los demás, y también está relacionado con la concepción moderna del amor platónico en el que se idealiza a la pareja. Sin embargo, en los países occidentales está echando raíces otra forma de entender las relaciones amorosas: el poliamor.

¿Qué es el poliamor?
El término poliamor fue acuñado por Morning Glory Zell-Ravenheart en el año 1990 y desde entonces se ha ido haciendo popular, como idea y como filosofía de vida, en muchos países occidentales.

En términos generales, el poliamor es la tendencia, preferencia o hábito de relacionarse amorosamente con más de una persona a la vez y en un contexto en el que todas las personas involucradas son conscientes de esta situación. El poliamor, por tanto, no tiene a la pareja como unidad fundamental en la que las personas intercambian conductas afectivas e íntimas, y eso no significa que se estén cometiendo infidelidades.

Por otro lado, hay muchas maneras de vivir el poliamor, y el hecho de que más de dos personas puedan participar en una relación poliamorosa no hace sino ampliar el número de posibilidades, De hecho, como el poliamor es una manera de gestionar la afectividad y no necesariamente el sexo, puede ocurrir que todas las personas que participan en un grupo de poliamor tengan distintas orientaciones sexuales o simplemente no tengan sexo; y también puede pasar que algunas sí tengan relaciones íntimas de este tipo y otras no.

Además, el poliamor es un modo de relación que se mantiene en el tiempo y que no se limita a un periodo corto, de minutos u horas, tal y como podría pasar en los intercambios de pareja esporádicos o swinging. Las relaciones poliamorosas lo son porque, en sí mismas, nos hablan sobre la naturaleza de la relación afectiva que tienen varias personas entre sí.

El poliamor no es poligamia
A la vez, el poliamor no tiene por qué basarse en relaciones formalizadas tal y como ocurre en los matrimonios. Se distingue de la poligamia en que este último, además de ceñirse solo a casos donde se ha producido matrimonio, consiste en la unión entre un hombre y muchas mujeres o una mujer y muchos hombres.

Los tipos de poliamor
La existencia de límites difusos en los límites de lo que puede hacerse y puede no hacerse en una relación poliamorosa ha hecho que, en ocasiones, se conozca a este tipo de afectividad simplemente como no-monogamia. Esto permite cubrir un abanico de tipos de relaciones muy amplio, que no encorseta las diferentes maneras de vivir el poliamor.

Aunque el modo de clasificar estos tipos de poliamor puede variar dependiendo de qué tipo de criterios se utilicen para distinguir entre categorías, sí se pueden resaltar las principales formas de relaciones poliamorosas. Son las siguientes.

1. Poliamor jerárquico
En este tipo de poliamor hay un grupo nuclear en el que la relación es más intensa y una perfferia en la que las relaciones establecidas son secundarias. Normalmente cada persona tiene una relación primaria y otras de menor importancia, lo que hace que las personas involucradas en una relación primaria puedan imponerle vetos a la otra, impidiendo que se involucre románticamente con algunas personas determinadas.

De entre los diferentes tipos de poliamor, este es el que más se parece a las relaciones de pareja tradicionales en los países occidentales.

2. Polifidelidad
En la polifidelidad las relaciones íntimas están restringidas a un grupo de personas determinado y con unos límites muy acotados. Fuera de este círculo de miembros, el contacto sexual no está permitido.

3. Anarquía relacional, o amor libre
La anarquía relacional es el tipo de poliamor menos parecido a las relaciones de pareja monógamas. En él, las personas involucradas en las relaciones no tienen ningún tipo de restricción puesta a priori, y cuentan con total libertad para elegir cómo relacionarse con cada persona en concreto. Por lo tanto, en la anarquía relacional no existe presión para hacer que las relaciones establecidas con los demás encajen en una serie de normas estereotípicas ni existe la necesidad de colocar etiquetas que las definan.

En definitiva, la anarquía relacional se distingue de las demás formas de poliamor por ser mucho más desestructurada. Aunque siempre se basa en el consenso y requiere un grado de compromiso, este se construye desde cero en el momento de iniciar la relación y no se basa en expectativas fundamentadas en los roles de género o las tradiciones.

¿Qué tipo de personas practican el poliamor?

Identificar el número de personas que practican el poliamor es tremendamente complicado, en primer lugar porque en muchos países su presencia es tan baja que cuesta estudiarlas, y en segundo lugar porque al ser tan difícil de definir lo que es y lo que no es una relación poliamorosa es complicado no caer en sesgos a la hora de cuantificarlas. Sin embargo, se estima que el número de estadounidenses que practica alguna forma de poliamor ronda el 4 o el 5% de la población, mientras que en España el porcentaje estaría entre el 5 y el 8%.

En cuanto al perfil de las personas que se decantan más por las relaciones poliamorosas, un estudio realizado por Loving More (una organización de apoyo al amor libre) en el que participaron más de 4.000 practicantes de poliamor mostró que el 49,5% de los participantes era de género femenino, 35,4% de género masculino, y el 15,1% correspondía a personas identificadas como de género no binario o genderqueer.

Además, casi la mitad de las mujeres y alrededor de un 18% de los hombres declararon haber tenido relaciones sexuales con personas del mismo sexo durante los últimos 12 meses, mostrando así una tendencia significativamente mayor hacia la bisexualidad activa que la población general. Estos resultados encajan bien con otros estudios en los que se ha comprobado cómo en homosexuales y bisexuales el número de personas poliamorosas es muy grande.

Por otro lado, el nivel de estudios de las personas poliamorosas era significativamente superior a la media de la población general, y mostraban una tendencia a vivir con menos niños y adolescentes en sus casas.

Problemas asociados a este tipo de amor
Si es complicado cuantificar el número de practicantes del poliamor, saber cómo se sienten la mayoría de estas personas no lo es menos. Para ello hay que realizar costosísimos estudios cualitativos basados en entrevistas, y los datos al respecto son muy escasos.

Sin embargo, por los datos disponibles no hay motivos para pensar que los problemas que viven las parejas y los atrimonios tradicionales desaparezcan en las relaciones de poliamor. Aunque los diferentes tipos de poliamor queden muy bien definidos sobre el papel, a menudo resulta difícil ver reflejada en la realidad la naturaleza de las relaciones que supuestamente deberían mantenerse.

Por ejemplo, a pesar de mostrar una preferencia por el poliamor pueden aparecer celos o miedo a quedar al margen de la relación, y el hecho de compartir una red de relaciones afectivas con más de una persona hace que sea muy necesario gestionar especialmente bien los tiempos y las actividades que se comparten. Muchos problemas comunes en el día a día de las parejas tradicionales están presentes también en las personas que practican el poliamor.

Por otro lado, no hay pruebas de que las familias formadas alrededor de relaciones poliamorosas tengan mayores dificultades para criar y educar bien niños y niñas. Elisabeth Sheff, en concreto, realizó un estudio longitudinal durante 15 años que le sirvió para concluir que la crianza en el seno de familias poliamorosas transcurre con normalidad, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta el perfil típico y el nivel de estudios de las personas involucradas en el poliamor.

Queda mucho por debatir
El poliamor puede ser muchas cosas, desde una serie de cambios superficiales aplicados en las relaciones de pareja de siempre hasta un cuestionamiento profundo de las convenciones sociales, el matrimonio y el modo en el que los estados del mundo se relacionan con este.

Desde los estudios de género relacionados con el concepto de patriarcado, por ejemplo, la existencia del poliamor resulta muy relevante, porque considerarlo como una alternativa al amor romántico tradicional hace más fácil argumentar que el matrimonio y las relaciones de pareja son “mantenidas a flote” socialmente por motivos políticos, en vez de ser un reflejo del modo en el que la biología humana nos predispone a relacionarnos.

La polémica está servida
Esto genera muchas discusiones en la sociología, la antropología y, por supuesto, la psicología, y a medida que se vaya profundizando en el estudio de este fenómeno irán quedando patente posiciones enfrentadas, y diferentes teorías acerca de lo que es el poliamor.

Los investigadores y académicos que enfatizan el papel de los genes, como por ejemplo gran parte de los neurocientíficos y de los psicólogos evolucionistas, posiblemente tenderán a subrayar las dificultades que conlleva el amor libre y señalarán que los tipos de poliamor más desprovistos de normas son relativamente poco extendidos.

Por el contrario, partidarios del papel del entorno y el aprendizaje seguirán defendiendo la idea de que el poliamor es una evidencia más de nuestra capacidad prácticamente infinita de inventarnos nuevas maneras de relacionarnos y reinventar la afectividad sin estar limitados por nuestro pasado evolutivo. Cuál de estos dos relatos tendrá mayor capacidad para explicar lo que es el poliamor es algo que, por el momento y a falta de más datos, no nos podemos plantear.




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